En el deporte "no sólo existe la dimensión individual, sino que uno forma parte de un grupo" y los jugadores de un equipo "son como los miembros de un cuerpo". El Papa Francisco dirigió esta reflexión a los miembros de la Federación italiana de Vóleibol, a quienes recibió esta mañana en el Vaticano por haber sido campeones del mundo semanas atrás.
“Un recorrido en una perspectiva integral que combina la técnica con la posibilidad de dar lo mejor de sí mismo, tanto en la actividad competitiva como en la vida. El deporte, en efecto, debe estar siempre al servicio de la persona y de la sociedad, no de intereses o lógicas de poder”, expresó, ante la Selección que tuvo al platense Julio Velasco como formador en las Juveniles.
“Ante todo, el saque, que es el primer golpe con que inicia el juego. En el juego, como en la vida cotidiana, hay que tomar la iniciativa, asumir responsabilidades, implicarse. ¡Nunca quedarse quietos!”, soltó el Sumo Pontífice.
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Y también remarcó el rol de DT: “Uno no se convierte en campeón sin un guía, sin un entrenador dispuesto a acompañar, a motivar, a corregir sin humillar, a levantar cuando uno se cae y a compartir la alegría de la victoria”.
Se necesitan personas que sean puntos de referencia sólidos, capaces de enseñar a "recibir" bien, identificando los talentos de sus atletas para hacerlos fructificar de la mejor manera posible.
"En un mundo en el que hay una carrera por aparecer y emerger a toda costa, en el que el 'yo' se antepone al 'nosotros' – prosiguió diciendo Francisco – en el que se descarta a quienes son débiles e improductivos, el deporte puede ser un signo convincente de unidad, de integración, y puede lanzar un fuerte mensaje de paz y amistad".
El Papa saludó a la Federación italiana de Voleibol pidiendo a los presentes que sean siempre "testigos de equidad y lealtad", con un pensamiento especial para los más jóvenes: “Muchos jóvenes los admiran y los animan: son un modelo para ellos, ¡no los defrauden!”.